viernes, 11 de mayo de 2012

Ángeles Mastretta

Ángeles Mastretta es una escritora y periodista mexicana que nació en Puebla (México) el 9 de octubre de 1949.





Olvidamos.
Para mal y para bien olvidamos.


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Todo el que sabe adivina
que tras el silencio de un ángel
siempre hay una historia.
O muchas.



jueves, 10 de mayo de 2012

Carlos Cano

José Carlos Cano Fernández, más conocido como Carlos Cano fue un cantautor y poeta andaluz que nació en Granada el 28 de enero de 1946 y falleció el 19 de diciembre de 2000. 





    La canción me dio voz, me abrió ventanas, me apartó sombras, me hizo libre, me puso alas, venció fantasmas, me alimentó ternuras, me quitó el miedo a la soledad, me unió a la gente, me dio una luz, sentimiento, dolores y alegrías, alamedas, caminos, ideas, horizontes, esperanza, tierra, cielo y una luna clara para soñar.
        La canción me dio herramientas para el amor, fuego por dentro, instinto, rebeldía, compromiso, bastón de ciego, magia, utopía, mar de sueños, transparencias, corazón, estrellas para leer, melancolía, silencio.
Y lo más hondo de uno en lo más hondo de todos. Yo sólo puse el viento.     



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De cómo Antonio Machado resucita
y limpia la casa de las sombras

¡Nadie se mueva!
¡Manos arriba!
¡Quédense quietos!
¡La poesía...!

¡Vayan saliendo
topos del nido,
que la alegría
os ha vencido!

Hay que ver lo que trae la razón:
Corazón.
Hay que ver lo que cuesta callar:
Vomitar.

¡Vamos Neruda
pase al siguiente!
Si se resiste,,
dele Picasso,
silencio y versos
de la montaña
y una paloma
con cuatro caras.

Hay que ver lo que trae la verdad:
Claridad.
Hay que ver lo que dice el clavel:
¡A por él!

Una paloma
con cuatro caras,
con quince ojos,
con veinte alas,
con mucho cielo,
con treinta bocas
y todas digan:
¡García Lorca!

Hay que ver lo que trae la verdad:
Libertad.


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Aunque las cartas dicen que nací en el Ecuador hace 180 años, antes de ser golondrina y después de ser leopardo, yo nací a la forma de vida que me refiero en Granada, un 28 de enero de 1946. Por eso el espíritu rebelde que poseo es la señal de mi destino. Celoso de mi libertad, probablemente fue el terror, la violencia, la leche americana, la soledad, la tristeza, lo que dejó en mí esa manera melancólica de cantar. Aprendí en las estrellas que no hay nadie igual a otro.

Escapé de los cuchillos y del resentimiento. Tuve la dicha del olvido para poder vivir. Como un sentimental, conservé de aquel infierno la memoria, sólo los días luminosos, las campanas de la vela, las golondrinas de Plaza Nueva, los gomeros, el áspero sabor de la almecina, amarilla por dentro y negra por fuera, las rodillas de costra y tierra y alguna que otra pedrada que me dejó la vida en mi cabeza de pajarito, de volaera, de bulanicos...

Y soñaba... ¡Dios mío, como soñaba! Y bajaba los escalones de la calle de tres en tres. Y volaba... ¡Dios mío, como volaba! Y vencía a todo, y me escapaba por el bosque de la imaginación. Sabed que he sido brujo, escritor, cantante, morisco, gitano, bereber, sirena, gayamba, monjita de convento, bandolero, pirata, guerrillero, abogado de pobres, contrabandista y justiciero. Que me aferro al instinto cuando me traiciona la inteligencia. Que aprendí a cantar y a golpear las cuerdas de mi guitarra como si fueran barrotes de una prisión. Que gané una vez una dura batalla a la muerte, y que todavía espero que pase lo más importante de mi vida.









miércoles, 9 de mayo de 2012

Ángela Figuera Aymerich

Ángela Figuera Aymerich fue una escritora española que nació en Bilbao el 30 de octubre de 1902 y falleció el 2 de abril de 1984 en Madrid.





No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.

No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierren a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua,
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ria el maestro.

No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles,
que jamás se fabriquen fusiles.

No quiero
que manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos,
que decreten lo que es poesía.

No quiero
amar en secreto,
llorar en secreto,
cantar en secreto.

No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO.


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Sí, también yo quisiera ser palabra desnuda.
Ser un ala sin plumas en un cielo sin aire.
Ser un oro sin peso,
un soñar sin raíces,
un sonido sin nadie...
Pero mis versos nacen redondos como frutos,
envueltos en la pulpa caliente de mi carne.