Escribo para desordenar el mundo,
para abrir las habitaciones cerradas,
las ventanas que nunca dieron al mar.
Escribo sobre lo que no sucede,
que a veces es la forma más exacta
de contar lo que nos pasa.
Escribo sobre mujeres que se besan
en el reverso de los calendarios,
sobre ciudades que sueñan con ser árboles,
sobre el amor,
ese animal sin jaula
que se alimenta de libertad.
A veces escribo al margen,
en el borde de las páginas
para que la tristeza sea un pez
nadando dentro de una bombilla.
Otras veces me salgo del renglón,
me salto la cordura,
le cambio el sentido a las agujas
y pongo a girar los relojes
alrededor de una palabra desnuda.
Escribo y las palabras se descalzan,
se tumban sobre la mesa,
se besan a escondidas y hacen el amor.
Escribo porque llevo
un universo desabrochado debajo de la ropa,
un oceáno en los bolsillos
y una revolución
creciéndome en las costillas.
Escribo al borde de los sueños,
para desatar los nudos del aire
y que el tiempo se siente a esperar.
Me invento una salida,
me borro las fronteras,
dibujo un poema que tenga
ventanas en los versos
y un corazón escondido en cada silencio.
Escribo,
tacho,
reinvento...
que hermoso error
tener tantas cosas dentro.
Escribo
para contar lo que siento.















