Tzvetan Todorov fue un lingüista, filósofo e historiador búlgaro nacionalizado francés, pero más que un intelectual fue un viajero del pensamiento que pasó su vida descifrando cómo los seres humanos nos entendemos —o nos destruimos— unos a otros. Nacido en Sofía, Bulgaria, el 1 de marzo de 1939, creció bajo un régimen totalitario que marcó profundamente su visión del mundo, llevándolo a buscar en la libertad de las palabras una respuesta al silencio impuesto.
Falleció en París el 7 de febrero de 2017, dejando tras de sí una biblioteca de más de veinte libros traducidos a veinticinco lenguas. Su voz, siempre pausada y reflexiva, nos enseñó que la literatura no está en peligro por falta de lectores, sino por la pérdida de su capacidad para ayudarnos a vivir.
Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización. Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia.