domingo, 26 de julio de 2026

Felisberto Hernández


Feliciano Felisberto Hernández Silva fue un escritor, compositor y pianista uruguayo que nació en Montevideo el 20 de octubre de 1902 y falleció el 13 de enero de 1964. De niño demostró un talento innato para la música, lo que lo llevó a formarse como pianista clásico. Sin embargo, la necesidad económica y su espíritu bohemio lo empujaron a una vida nómada... durante los años veinte y treinta, recorrió los pueblos del interior de Uruguay y Argentina ofreciendo conciertos en cines mudos, cafés de mala muerte y teatros semivacíos.
Hacia la década de 1940, abandonó las giras de piano para concentrarse en la escritura... Felisberto no escribía cuentos, abría rendijas hacia una dimensión donde los objetos tienen alma, los recuerdos se comportan como plantas trepadoras y la realidad se deforma con la lógica de un sueño. Fundó las bases de la literatura fantástica y del "realismo mágico" mucho antes de que estallara el boom editorial del continente e hizo de la timidez, el misterio de lo cotidiano y la música una forma única de habitar el mundo.





Lo maravilloso aparece en la vida cotidiana cuando dejamos de mirarla con los ojos de siempre.





miércoles, 8 de julio de 2026

Mary Cholmondeley


Mary Cholmondeley fue una de las voces más incisivas y valientes de la Inglaterra victoriana, alzándose como una figura clave del movimiento feminista literario conocido como la "New Woman". A pesar de los estrictos corsés morales de su época y de una salud frágil que la mantuvo recluida gran parte de su vida, Cholmondeley utilizó la sátira y la ficción gótica para dinamitar las dinámicas patriarcales del matrimonio, la hipocresía religiosa y las cadenas impuestas a las mujeres.
Nació el 8 de junio de 1859 en Hodnet, Inglaterra, criándose en la rectoría donde su padre ejercía como clérigo. En una época donde el destino de las mujeres estaba confinado a la esfera doméstica, el asma grave que padecía y su carácter tímido e introvertido la condenaron a vivir retirada, asumiendo el rol que la sociedad exigía... cuidar de sus familiares enfermos.
Sin embargo, tras las paredes de aquella rectoría Mary comenzó a escribir en secreto como una vía de escape psicológica frente a una existencia anodina y asfixiante.
Tras la muerte de su padre, Mary logró romper definitivamente el aislamiento rural y se trasladó a Londres con su hermana. Allí se convirtió en habitual de los círculos intelectuales, defendió el sufragio femenino y, durante la Primera Guerra Mundial, colaboró activamente trabajando en un hospital. Fiel a sus principios de autonomía absoluta, Mary Cholmondeley nunca se casó, manteniendo las riendas de su vida y de su economía hasta su muerte en Kensington, Londres, Reino unido, el 15 de julio de 1925 a los 66 años.





Cada año que pasa me convenzo más de que el desperdicio de la vida reside en el amor que no hemos dado, en los poderes que no hemos utilizado, en la prudencia egoísta que no arriesga nada y que, al eludir el dolor, también se pierde la felicidad.






viernes, 19 de junio de 2026

CUERPO


El mapa de mi deseo,
de cicatrices,
de abrazos,
de inviernos.

El temblor,
la herida,
la risa que permanece.

La geografía exacta
donde mi piel te busca
y te reconoce como su única patria.

SsJ




LATIDO


La pequeña música
que insiste,
incluso en las noches
que olvidaron cantar.

La forma que tiene el alma
de decirme...
aquí sigo,
dispuesta a incendiar la noche contigo.

SsJ




miércoles, 17 de junio de 2026

La luna desafiaba la noche


La luna desafiaba la noche con su herida de plata,
tajo incandescente en el lomo oscuro del cielo,
decreto de olvido sobre los tejados mudos,
linterna del mundo
que enciende hogueras de escarcha.

La luna desafiaba la noche con su herida de plata,
faro insomne que el miedo desnuda y retrata,
soberana,
invicta,
libre,
rebelde,
eterna,
puño de cuarzo que rompe todas las rejas
y abre de par en par las puertas del alba.

La luna desafiaba la noche con su herida de plata.

SsJ





Siglo XXI


Avanzamos de espaldas al mañana,
convencidos de elegir las cadenas
y compramos una esclabitud libre y voluntaria,
una obediencia disfrazada de deseo
que vende promesas hechas de humo.

El progreso viaja en reserva
con los ojos fijos en el pasado
y los bolsillos llenos de promesas
pero somos una mentira multitudinaria
y ruidosamente solitaria,
un espejismo repetido
hasta convertirse en paisaje.

Nos hundimos en el oceáno de las pantallas,
naufragos de oleadas de información vacía,
de voces que no dicen nada
y de silencios que lo gritan todo
como islas conectadas
por cables invisibles y corazones rotos.

Consumimos guerras como entretenimiento diario,
con un dolor anestesiado,
mientras la muerte desfila
entre bombardeos que imponen la paz armada
y siembran la tierra con cuerpos y cenizas,
salvando a la nación,
destruyendo al ser humano,
cortesía salvaje vestida de traje,
sonrisa afilada,
que dicta lo que temes,
lo que piensas,
lo que callas.


En la era del gigante enano del sistema,
un monstruo vigila el planeta entero
y devora el futuro de las nuevas generaciones,
levantando fronteras de odio
en nombre de patrias heridas.

Pero mi garganta ya no acepta más mordazas
y frente al estruendo de la tiranía
la palabra se vuelve trinchera
y cada silaba,
un disparo contra el olvido,
escupiendo el miedo
sobre el muro de la impunidad.

Este siglo,
por mucho que lo intenten los mercaderes del miedo,
no les pertenece,
por eso seguimos nombrando las heridas,
las guerras, las injusticias,
los cuerpos ausentes...
porque toda esperanza,
por pequeña que sea
es una forma de resistencia.

SsJ




lunes, 15 de junio de 2026

Emma Goldman


Emma Goldman, considerada en su tiempo "la mujer más peligrosa del mundo", fue una pensadora, oradora y activista anarquista que encendió una llama que todavía quema las estructuras del patriarcado y del capitalismo. Comprendió, mucho antes de que se acuñaran los términos modernos, que la emancipación de las mujeres no se conquista votando en las urnas de los opresores, sino destruyendo las jaulas invisibles del hogar, del Estado y de la moral puritana.
Emma nació el 27 de junio de 1869 en una familia judía de Kaunas (en la actual Lituania, entonces parte del Imperio Ruso). Creció bajo el peso doble de la tiranía del zar y de un padre autoritario que pretendía casarla a los quince años y Emma, que ya guardaba un fuego incontenible dentro... se negó. En 1885, huyendo de ese destino gris, emigró a los Estados Unidos.
Sin embargo, el "sueño americano" se reveló pronto como una pesadilla de chimeneas y explotación. Trabajando jornadas inhumanas en talleres textiles de Rochester, Emma presenció la brutalidad del sistema y el catalizador de su furia política fue la ejecución de los mártires de Chicago en 1887... ese día, la joven obrera se transformó en militante, se mudó a Nueva York y entregó su vida por completo a la causa anarquista.
Se convirtió en una de las primeras defensoras del acceso al control de la natalidad y de los anticonceptivos, desafiando las leyes puritanas que prohibían hablar de reproducción, siendo encarcelada varias veces por distribuir folletos informativos a mujeres obreras.
Condenó el matrimonio convencional, definiéndolo como un pacto económico y una forma de prostitución sancionada por el Estado que convertía a la mujer en una sierva doméstica, defendiendo el amor libre, el derecho al placer y la libertad sexual sin la interferencia de la iglesia o la ley.
Murió en el exilio, el 14 de mayo de 1940, en Toronto, Canadá. Hoy, cada vez que una mujer decide sobre su propio cuerpo, cada vez que una voz se levanta contra la autoridad y cada vez que el feminismo baila en las calles exigiendo lo imposible, el espíritu indomable de Emma vuelve a encenderse... Ella nos enseñó que la libertad no se mendiga... se toma.





El elemento más violento en la sociedad es la ignorancia.