miércoles, 26 de agosto de 2026

Brian Aldiss


Brian Aldiss fue uno de los arquitectos de la ciencia ficción moderna y líder de la New Wave (Nueva Ola) británica. A diferencia de los autores clásicos de la "Edad de Oro" (enfocados en naves espaciales y tecnologías precisas), Aldiss revolucionó el género al dotarlo de un profundo valor literario, experimentación estilística, psicología y especulación filosófica. A lo largo de sus más de sesenta años de carrera, demostró que la ciencia ficción no era un subgénero menor, sino el territorio ideal para explorar las luces y sombras de la condición humana.
Brian Wilson Aldiss nació el 18 de agosto de 1925 en East Dereham, Norfolk (Inglaterra). Sintiéndose poco querido por su madre, fue enviado a los seis años a un internado rígido del que intentaba evadirse devorando cómics y revistas pulp estadounidenses… aquellos relatos encendieron en él una imaginación desbordante.
En 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, fue llamado a filas y se unió al cuerpo de la Royal Signals. El ejército lo destinó a Birmania, India y Sumatra, donde combatió en entornos selváticos indómitos. El impacto psicológico de la guerra, el aislamiento tropical y el choque cultural con Oriente marcaron su madurez a fuego y se convirtieron en la base de las atmósferas exóticas y alienígenas de sus futuras novelas.
Nombrado Gran Maestro por la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de EE. UU. (SFWA) en 1999 y Oficial de la Orden del Imperio Británico (OBE) por sus servicios a la literatura en 2005, Brian Aldiss continuó escribiendo, pintando y editando antologías hasta el final de sus días. Falleció en su hogar de Oxford el 19 de agosto de 2017, apenas un día después de celebrar su 92.º cumpleaños.
Fue el capitán que guió a la ciencia ficción hacia su mayoría de edad, despojándola de sus trajes espaciales toscos para vestirla con la alta costura de la poesía y la filosofía. Su nave estelar se detuvo definitivamente en Oxford pero sus mundos de selvas voraces, centenarios de hielo y niños mecánicos que sueñan con el amor siguen girando en el espacio infinito de nuestras librerías.






Un mundo saturado de gente es el lugar ideal para sentirse solo.






Martin Amis


Martin Amis fue el gran enfant terrible de las letras británicas contemporáneas, un novelista feroz que aportó una sensibilidad de estrella del rock y una sátira despiadada a la literatura de finales del siglo XX. Su estilo barroco, su humor negro y su obsesión por retratar los excesos, la ordinariez y el vacío moral del capitalismo tardío occidental lo convirtieron en la voz que definió toda una época literaria.
Martin Louis Amis nació el 25 de agosto de 1949 en Oxford, Inglaterra. No era un recién llegado cualquiera al mundo de las letras… era hijo del célebre escritor y poeta satírico Kingsley Amis. Crecer bajo la sombra de un padre tan influyente —con quien mantuvo una relación de competitividad y profundo amor intelectual toda su vida— marcó el norte de su destino.
Fue su madrastra, la también novelista Elizabeth Jane Howard, quien le salvó de la apatía leyéndole a Jane Austen y encendiendo su vocación.
En sus últimos años, trasladó su residencia a los Estados Unidos junto a su esposa, la escritora Isabel Fonseca. El 19 de mayo de 2023, la voz más afilada del Reino Unido se apagó para siempre en Lake Worth, Florida, a los 73 años.
Martin Amis se marchó de este mundo dejando claro que el lenguaje es una descarga eléctrica destinada a despertarnos del sopor cotidiano… fue el cirujano que diseccionó la vulgaridad de nuestra era con un bisturí de oro.





El primer día tras una muerte, la ausencia nueva siempre es la misma; deberíamos ser cuidadosos los unos con los otros (...) cuando aún hay tiempo.








martes, 18 de agosto de 2026

Francesc Miralles


Francesc Miralles es uno de los autores de transformación personal, psicología y espiritualidad más influyentes y traducidos del mundo. Nacido en Barcelona el 27 de agosto de 1968, este escritor, ensayista, traductor y músico ha logrado convertir conceptos de filosofías orientales en auténticos fenómenos de masas globales, acumulando millones de ejemplares vendidos en más de 60 países.
Miralles compagina su producción de libros con conferencias en los cinco continentes y colaboraciones periodísticas habituales sobre psicología y espiritualidad.
Con la curiosidad del viajero incansable y la delicadeza de quien compone un haiku en mitad del caos, ha convertido la literatura en un bálsamo universal para las almas perdidas en la prisa del siglo XXI. Dejó atrás el ruido de las oficinas y los corsés académicos para enseñarnos que el verdadero éxito consiste en descubrir qué es aquello que hace que nuestros ojos brillen al despertar cada mañana y a través de sus palabras actúa como un sherpa emocional para hacernos entender que la felicidad… es un pequeño milagro cotidiano que se esconde en los detalles más diminutos del camino.






Lo grande se construye desde lo pequeño. Cada acto, cada palabra, cada pensamiento cuenta.




Alejandra Pizarnik

Flora Alejandra Pizarnik fue una poeta, ensayista y traductora argentina que nació en Avellaneda (Argentina) el 29 de abril de 1936 y falleció el 25 de septiembre de 1972. Su poesía, como un espejo roto, refleja las partes más íntimas del alma: la soledad, la muerte, el amor, y la búsqueda incesante de la identidad. Escribía con una intensidad que parecía buscar algo más allá de las palabras, como si cada verso fuera una grieta en la realidad, un espacio donde asomarse al vacío que la habitaba.
Desde joven, Pizarnik sintió la necesidad de escribir, y en 1955, con tan solo 19 años, publicó su primer libro. Su obra poética es una danza constante entre la autenticidad y la expresión, un intento de sacar a la luz aquello que permanece en las sombras del ser. Cada poema suyo parece llevarnos a ese lugar donde las emociones son tan crudas y verdaderas que rozan lo inefable.
Pero Pizarnik no se limitó a la poesía. También incursionó en la prosa, dejando ensayos y diarios que nos muestran las profundidades de su pensamiento, sus obsesiones y sus angustias. Estos escritos nos permiten entrever a una mujer en constante lucha con sus demonios internos, una lucha que a menudo se refleja en sus versos cargados de introspección.
A lo largo de su vida, Alejandra se enfrentó a una batalla contra la depresión, una sombra que está presente en muchos de sus poemas. Esa tristeza que se filtra entre sus líneas es a la vez devastadora y hermosa, porque en su sufrimiento ella supo encontrar una verdad que pocos se atreven a mirar de frente. Lamentablemente, esa misma oscuridad la llevó a quitarse la vida a los 36 años, dejando un vacío en la literatura argentina.
Sin embargo, su legado sigue vivo. Pizarnik es, y siempre será, una poeta cuya obra resuena con quienes han sentido la fragilidad de la existencia, la incomodidad del silencio interior, y la belleza oculta en el dolor. Leerla es sumergirse en un mar de emociones profundas, en el que cada palabra es una llave a lo desconocido, una invitación a explorar los misterios del alma.






Cúrame del vacío




Escribes poemas
porque necesitas un lugar
en donde sea lo que no es.




Alguna vez de un costado de la luna,
verás caer los besos que brillan en mí.
Más allá del olvido.




Ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada.




Soy mujer.
Y un entrañable calor me abriga
cuando el mundo me golpea.
Es el calor de las otras mujeres,
de aquellas que no conocí,
pero forjaron un suelo común,
de aquellas que amé aunque no me amaron,
de aquellas que hicieron de la vida
este rincón sensible, luchador,
de piel suave y tierno corazón guerrero.



Y tendremos lejos los relojes y no nombraremos al tiempo. Y haré poemas que iluminarán todos los silencios.



Su sonrisa atraviesa paredes y distancias...



Alguna vez
alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
me iré como quien se va.



Alguna vez volveremos a ser



Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo.



Que bellezas guardan aquellos que no encuentran su lugar entre tanta gente; no es soledad, es un privilegio no encajar.



Yo no sé de pájaros, no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.



A veces también se me acaban las sonrisas para ti, a veces también se me acaban las ganas de escribirte. Pero te amo, ojalá lo entiendas, siempre te amo, pero a veces mis abrazos no tienen calor y mi boca no sabe que decir.



Escribir un poema es reparar la herida fundamental, el desgarro. Porque todos estamos heridos.



Nada más intenso que el terror de perder la identidad.



Y yo caminaría por todos los desiertos de este mundo y aún muerta te seguiría buscando, a ti, que fuiste el lugar del amor.




miércoles, 12 de agosto de 2026

Carlos Pellicer

Carlos Pellicer Cámara fue un escritor, poeta y político mexicano que nació el 16 de enero de 1899 en San Juan Bautista (Tabasco, México) y falleció el 16 de febrero de 1977 en Ciudad de México.









¿Qué harás?
¿En qué momento tus ojos
pensarán en mis caricias?
¿Y frente a cuales cosas,
de repente, dejarás,
en silencio, una sonrisa?




Que se cierre esa puerta
que no me deja estar a solas con tus besos.




En una de esas tardes
sin más pintura que la de mis ojos,
te desnudé
y el viaje de mis manos y mis labios
llenó todo tu cuerpo de rocío.




Nada nos hiere tanto
como hallar una flor sepultada
en las páginas de un libro.
La lectura calla;
y en nuestros ojos,
lo triste del amor
humedece la flor
de una antigua ternura.




Tu cuerpo es el país de las caricias,
en donde yo, viajero desolado
- todo el itinerario de mis besos -
paso el otoño para no morirme,
sin conocer el valor de tu ausencia
como un diamante oculto en lo más triste.



Yo había puesto
encima de mi pecho,
un pequeño letrero que decía:
"Cerrado por demolición".
Y aquí me tiene usted pintando las paredes,
abriendo las ventanas,
adornando la mesa con la flor amarilla
con que paga el otoño sus encantos.