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martes, 17 de diciembre de 2024

Isabel Oyarzábal Smith



Las Sinsombrero fueron mujeres brillantes de la Generación del 27 que, a pesar de su talento, quedaron silenciadas por la historia. Ellas, con valentía, se quitaron el "sombrero" de la tradición y lucharon por la igualdad, la cultura y su propia voz. Una de esas pioneras fue Isabel Oyarzábal Smith también conocida como Isabel de Palencia, escritora, diplomática y feminista que marcó el camino a seguir para muchas generaciones.
Nacida en Málaga el 12 de junio de 1878, Isabel creció en una familia burguesa donde las normas sociales oprimían a las mujeres. Hija de Juan Oyarzábal Bucelli y Ana Smith-Guthrie, su entorno acomodado le permitió acceder a una formación intelectual sólida, sin embargo, desde joven mostró un carácter rebelde ya que mientras otras niñas seguían las tradiciones, Isabel rechazaba los corsés y desafiaba las normas establecidas.
Gracias a su dominio del inglés, poco común en la España de la época, trabajó como profesora en Sussex, Inglaterra, y como corresponsal de prensa para diarios británicos como The Standard. También fundó en 1907, junto a su hermana Ana y su amiga Raimunda Avecilla, la primera revista femenina española: La dama y la vida Ilustrada. A partir de entonces, inició una fructífera carrera periodística, colaborando con medios como Blanco y Negro, El Sol y Nuevo Mundo, donde defendía los derechos de las mujeres y denunciaba las injusticias sociales.
En 1905, tras la muerte de su padre, Isabel se trasladó a Madrid para seguir una carrera como actriz teatral. Bajo el nombre de Isabel Aranguren, trabajó en la compañía de María Tubau y Ceferino Palencia, donde conoció a su futuro esposo, Ceferino Palencia Álvarez-Tubau. El matrimonio tuvo dos hijos, Ceferino y María Isabel, y vivieron en países como Suecia, Finlandia y Estados Unidos.
Como escritora, Isabel también tuvo un papel destacado. Fue crítica teatral para El Sol y estrenó su obra Diálogo con el dolor en 1926. Además, tradujo importantes obras literarias al castellano, como Silas Marner de George Eliot, y escribió numerosos artículos y ensayos que reflejaban su compromiso con los derechos de las mujeres y las mejoras sociales abordando tema como el papel de la mujer en la sociedad, la reivindicación de sus derechos (particularmente el derecho al sufragio) o el estado de la sanidad y la educación en España. Habitualmente, firmaba con los pseudónimos de Beatriz Galindo, Isabel de Palencia o Isabel O. de Palencia.
Defensora incansable de los derechos de las mujeres Isabel Oyarzábal fue una pionera del feminismo en España. Participó activamente en organizaciones como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), el Consejo Supremo Feminista y la Liga Femenina Española por la Paz y la Libertad. Junto a Julia Peguero y Benita Asas Manterola, reclamó el derecho al sufragio femenino en 1923, mucho antes de que este fuera reconocido.
En 1931, tras el inicio de la Segunda República, Isabel fue nombrada la primera mujer inspectora de trabajo en España, siendo un hito histórico. Participó como delegada en la Organización Internacional del Trabajo y en congresos internacionales donde abogó por la igualdad y los derechos laborales.
Embajadora y voz de la República Durante la Guerra Civil Española, Isabel se convirtió en la primera embajadora de España, representando al país en Suecia y Finlandia entre 1936 y 1939. En un contexto de guerras y tensiones políticas, recorrió Estados Unidos y Canadá para buscar apoyos para la República y denunciar el avance del fascismo en Europa. En Nueva York, logró reunir a 25.000 personas en el Madison Square Garden, un logro impresionante para la época.
Al finalizar la Guerra Civil en 1939, Isabel se exilió junto a su familia a México, donde continuó escribiendo y participando en actividades culturales y feministas.
En 1940, publicó en inglés su autobiografía Hambre de libertad, un testimonio imprescindible que recoge su vida, sus luchas y su visión del exilio. La obra no fue publicada en español hasta 2011, pero su legado ha sobrevivido al tiempo. Falleció el 28 de mayo de 1974 en Ciudad de México.
La figura de Isabel, como parte de las Sinsombrero es crucial para comprender la lucha feminista y cultural en la España de la época. A través de su trabajo periodístico, literario y diplomático, desafió las normas de su tiempo, y su vida representa un claro ejemplo de cómo las mujeres podemos y debemos ocupar espacios de poder y liderazgo.
Isabel Oyarzábal no solo fue pionera en el campo de los derechos de las mujeres, sino que su valentía y dedicación a la igualdad de género, la libertad y la justicia social la convirtieron en un referente indispensable. Es destacable cómo, a pesar de las adversidades a las que se enfrentó durante su vida, especialmente en el contexto de la Guerra Civil Española y el exilio, logró dejar un legado tan valioso.
El hecho de que haya sido la primera mujer inspectora de trabajo en España y su implicación en la Organización Internacional del Trabajo son logros históricos que a menudo son pasados por alto, lo que hace aún más importante rescatar su figura para las generaciones actuales. Su figura debería ser más reconocida y estudiada, especialmente como un modelo de empoderamiento y lucha por la igualdad en todos los ámbitos de la sociedad.
Hoy en día Isabel es un referente para quienes creemos en la igualdad y en el poder de la palabra. Una pionera que demostró que las mujeres podíamos ocupar espacios reservados a los hombres y que, con esfuerzo y pasión, podíamos y podemos cambiar la historia.







miércoles, 23 de octubre de 2024

Elisabeth Mulder





Las Sinsombrero fueron un grupo de mujeres artistas e intelectuales que formaron parte de la Generación del 27 en España. Se destacaron por su valentía al desafiar las convenciones patriarcales de su tiempo y por su incansable búsqueda de reconocimiento en un mundo cultural dominado por hombres. A través de sus contribuciones en la literatura, el arte y la filosofía, estas mujeres rompieron barreras y ayudaron a redefinir el papel de la mujer en la sociedad española de la época. Entre ellas estaba Elisabeth Mulder Pierluisi, nacida en Barcelona el 9 de febrero de 1904 y fallecida el 28 de noviembre de 1987.
Aunque el nombre de Elisabeth Mulder quizás no nos suene tanto como el de otras escritoras de su generación, su obra merece un lugar especial en la historia de la literatura española. Poeta, novelista, traductora, periodista y crítica literaria, su versatilidad la convierte en una de las voces más originales y multifacéticas de su tiempo.
Elisabeth creció en un ambiente privilegiado en Barcelona, en el seno de una familia de la alta burguesía. Era hija de un médico holandés y de una madre portorriqueña con raíces italianas y españolas. Su infancia transcurrió en un entorno que fomentaba el aprendizaje y la apertura mental. Parte de su niñez la pasó en Puerto Rico, lo que le proporcionó una visión cosmopolita y le permitió dominar varios idiomas, ya que además de hablar español e inglés, dominaba también el alemán, el francés, el italiano y el ruso.
Desde pequeña, Elisabeth mostró un gran interés por la lectura y la escritura, destacando pronto por su talento poético. A los quince años, ganó un concurso literario con un poema que revelaba una madurez sorprendente para su edad
En 1921, con solo 17 años, Mulder se casó con Ezequiel Dauner Foix, un abogado y político catalán casi treinta años mayor que ella. Juntos tuvieron un hijo, Enrique, pero su vida familiar dio un giro drástico cuando su esposo falleció en 1930, dejándola viuda a una edad temprana.
Su primer poemario se publicó en 1927, marcando su entrada oficial en la escena literaria española. Este debut fue seguido por su primera novela en 1934, y a partir de entonces, Elisabeth comenzó a ganar reconocimiento por su estilo lírico y profundo.

Lo que resulta más interesante de la obra de Mulder es su capacidad para explorar tanto la poesía como la prosa, incursionando en la literatura infantil y el teatro. Su versatilidad la convirtió en una figura única en el panorama literario español. Aunque no se identifica directamente con la Generación del 27, su trabajo y su vida estaban profundamente entrelazados con este grupo de escritores y artistas. Compartía con las Sinsombrero una postura vanguardista y una perspectiva moderna de la literatura. A pesar de su conexión con grupo, la obra de Mulder es eminentemente individual y refleja su visión única del mundo.
La Guerra Civil Española tuvo un impacto devastador en la vida cultural del país, y Elisabeth Mulder no fue la excepción. Durante la guerra, padeció una grave nefritis que la mantuvo en cama durante un año, tiempo que aprovechó para reflexionar y crear. Fue entonces cuando escribió Preludio a la muerte, una novela que, aunque no se publicó hasta 1941, muestra su capacidad para adentrarse en el sufrimiento humano desde una perspectiva psicológica profunda.
Lamentablemente, la censura de la época impidió que Mulder publicara con libertad y su novela Preludio a la muerte fue objeto de controversia por su tratamiento del suicidio, un tema tabú en la España de la posguerra. Aunque la obra fue adaptada al cine con el título Verónica, la película no se conserva, desgraciadamente, en la Filmoteca Nacional.
Además de su labor como novelista y poeta, Mulder fue una gran traductora. Gracias a su dominio de varios idiomas, tradujo obras de autores como Charles Baudelaire, John Keats y Percy Bysshe Shelley. Su habilidad para traducir poesía de forma fiel y artística la convirtió en una figura respetada en el ámbito de la traducción literaria.
Mulder también destacó en el ámbito periodístico colaborando con importantes publicaciones como La Vanguardia Española y ABC, donde escribió sobre literatura inglesa y otros temas culturales. Su labor como periodista le permitió mantener el contacto con el mundo literario y seguir influyendo en el panorama cultural español.
A pesar de su talento, la obra de Elisabeth Mulder cayó en el olvido durante varias décadas. Sin embargo, en los últimos años ha resurgido un creciente interés por su figura, lo que ha permitido revalorizar su legado como una de las escritoras más importantes de su generación.
Su obra, caracterizada por la originalidad, profundidad y sensibilidad, continúa inspirando a nuevos lectores y escritores. Elisabeth Mulder dejó un rico legado literario que invita a reflexionar sobre la condición humana, la búsqueda de la identidad y el papel de la mujer en la sociedad.
Mulder fue una mujer adelantada a su tiempo, una escritora que supo combinar sensibilidad artística y compromiso social. Su obra, a pesar de haber sido injustamente olvidada, sigue siendo hoy una referencia imprescindible para entender la literatura española del siglo XX. Al recuperar su figura y su obra, rendimos homenaje a una mujer que dedicó su vida a la creación literaria y a la defensa de la libertad y la justicia.




sábado, 7 de septiembre de 2024

María de Maeztu




Las Sinsombrero es el nombre con el que se conoce a un grupo de mujeres artistas, escritoras e intelectuales de la Generación del 27 que desafiaron las normas sociales y culturales de su tiempo, no solo en su obra, sino también en su forma de vivir y expresar sus ideas. Estas mujeres compartían un deseo común de romper con las convenciones de género que limitaban su desarrollo profesional e intelectual.
Aunque María de Maeztu no fue una Sinsombrero en el sentido estricto, debido a que su papel estuvo más centrado en la pedagogía y la reforma educativa que en la creación artística, su influencia en el pensamiento feminista y en la apertura de espacios para mujeres fue determinante para que estas creadoras pudieran florecer.
María de Maeztu y Whitney fue una destacada pedagoga y feminista española que nació el 18 de julio de 1881 en Vitoria (Álava), y que es conocida por su labor en la defensa de la educación femenina y por su papel crucial en la vida intelectual y cultural de España durante la primera mitad del siglo XX, siendo una de las figuras más influyentes de su época.
María de Maeztu creció en un ambiente cultural enriquecido. Hermana del escritor Ramiro de Maeztu y del pintor Gustavo de Maeztu, desde muy joven se interesó por la educación y el progreso social. Se formó como maestra y pronto comenzó a destacar como una de las voces más activas en la reforma educativa en España.
Obtuvo su título en la Escuela Normal de Magisterio y colaboró en la academia de su madre hasta que en 1902 comenzó a trabajar como maestra en una escuela pública de Santander, pero a finales de ese mismo año, solicitó el traslado a Bilbao debido al delicado estado de salud de su madre. Su nuevo destino fue una escuela ubicada en la calle de Las Cortes, una zona de clase trabajadora con una creciente presencia de prostitución.


En esa escuela, María introdujo innovadores métodos pedagógicos que fomentaban el aprendizaje activo y el contacto directo con el entorno, evitando la memorización mecánica. También promovió la cercanía con las familias de los estudiantes y reemplazó las medidas disciplinarias tradicionales por enfoques más flexibles de convivencia. Entre sus innovaciones se incluyeron clases al aire libre, la creación de colonias escolares, y la transformación física y estética del centro, en línea con los principios de la Institución Libre de Enseñanza.
María trabajaba con alrededor de trescientos niños y niñas provenientes de familias marginales, con el apoyo de dos maestras mayores que ella. Su hermano Gustavo decoró las paredes de la escuela con dibujos, y el poeta Ramón de Basterra contribuyó con poemas. Inicialmente, la escuela estaba instalada en las ruinas de un antiguo teatro, pero en 1903 se trasladó a un edificio nuevo. De su salario como maestra, María apartaba una cantidad cada mes para comprar telas con las que hacía blusas y delantales, además de jabón, que regalaba a los niños cuyos padres no podían permitirse mantener una higiene adecuada.
A pesar de haber recibido una oferta para dirigir las escuelas de Berástegui, decidió rechazarla para no dejar a sus alumnos. Paralelamente, María continuó con su formación académica y en 1907 obtuvo el bachillerato en el Instituto de Vitoria, matriculándose dos años después como alumna no oficial en la Universidad de Salamanca, completando sus estudios en Madrid, donde se licenció en 1915 en Filosofía y Letras.
La Residencia Internacional de Señoritas, creada en Madrid por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas fue confiada a María de Maeztu para su organización y dirección, desempeñando este cargo desde 1915 hasta 1936, convirtiéndose en el proyecto más importante de su vida. La residencia, institución educativa pionera, ofrecía a las mujeres la oportunidad de acceder a una formación universitaria en un entorno seguro e intelectual, tuvo un éxito inmediato, compartiendo su objetivo en fomentar la educación femenina con el Instituto Internacional de Estados Unidos, dirigido por Susan Huntington, gracias a la cual, maeztu realizó varios viajes a Estados Unidos, logrando establecer el primer programa de estudios en el extranjero para mujeres. Este proyecto era una especie de versión femenina de la famosa Residencia de Estudiantes que acogía a intelectuales como Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel.
En 1923, estas colaboraciones se formalizaron bajo un acuerdo bilateral que incluyó cuatro tipos de iniciativas: el intercambio de estudiantes, lectorados en el extranjero, becas de investigación y el intercambio de material bibliográfico y de laboratorio. La residencia estaba abierta a cualquier joven mayor de diecisiete años que estuviera estudiando en Madrid o preparándose para ingresar a las facultades universitarias, La Escuela Superior de Magisterio, la Escuela Normal o que estuviera ampliando su formación científica de manera privada. También se admitían estudiantes extranjeras y externas, y además de alojamiento, se ofrecían clases y cursos complementarios como los de Pedagogía y Filosofía, impartidos por la propia Maeztu.
La residencia se convirtió en un punto de encuentro, donde se compartían conferencias y cursos, principalmente dirigidos a mujeres y que alcanzaron gran notoriedad en el Madrid de los años veinte y la Segunda República. Entre algunas de las mujeres más destacadas que pasaron por allí se encuentran la poeta Concha Méndez, las abogadas Victoria Kent y Matilde Huici, la diputada republicana Francisca Bohigas y la artista Maruja Mallo entre muchas otras.
Una de las visitas más relevantes fue la de la escritora Gabriela Mistral, que se alojó en la residencia en 1924, y desde entonces, ambas mantuvieron una amistad, aunque con algunos altibajos, que perduró hasta la muerte de Maeztu. La residencia también acogió a figuras tan influyentes como Marie Curie, Victoria Ocampo y Maria Montessori, quien ofreció conferencias sobre su método educativo.
En 1921, junto a Clara Campoamor, María de Maeztu fundó la Asociación Española de Mujeres Universitarias, donde Maeztu fue vicepresidenta y Campoamor actuó como secretaria.
En 1926, María de Maeztu fue cofundadora y primera presidenta del Lyceum Club Femenino, inspirado en los clubes femeninos ya existentes en Europa, convirtiéndose en un espacio donde mujeres de diferentes campos intelectuales podían debatir, intercambiar ideas y seguir ampliando los horizontes del feminismo. Este club se convirtió en un importante foro de encuentro para muchas de las integrantes de las Sinsombrero, fortaleciendo aún más la red de mujeres intelectuales que desafiaban las convenciones y no querían limitarse únicamente a las tareas del hogar.


El club comenzó con ciento cincuenta socias de diversas corrientes y contaba con varias secciones, siguiendo el modelo internacional: Literatura, Ciencias, Artes Plásticas e Industriales, Música, Asuntos Sociales e Internacional. Maeztu se encargaba de organizar cursos, conferencias, conciertos y exposiciones, con la participación de destacados intelectuales, científicos y artistas, tanto nacionales como extranjeros. Además Maeztu también representó a España en el extranjero en foros educativos y culturales, siendo una de las primeras mujeres en defender la participación activa de las mujeres en la política.
Durante la dictadura de Primo de Rivera, María de Maeztu, con el apoyo de su hermano Ramiro, aceptó ser miembro de la Asamblea Nacional junto a otras doce mujeres, formando parte de la sección dedicada a la educación.
En 1930 fue nombrada vocal del Consejo de Instrucción Pública y en 1934 pasó a formar parte del Consejo Nacional de Cultura.
Cuando estalló la guerra en 1936, el fusilamiento de su hermano Ramiro, un intelectual de la Generación del 98 que había pasado de un liberalismo radical a una ideología nacionalista de derechas, fue un golpe devastador para María de Maeztu. Presentó su dimisión ese mismo año, de la Residencia de Señoritas y abandonó España. Tras pasar un tiempo en Estados Unidos, se estableció en Buenos Aires, donde se le otorgó la Cátedra de Historia de la Educación en la universidad local, cargo que mantuvo hasta su fallecimiento.
Durante su exilio, recibió el apoyo de sus amigas Gabriela Mistral, quien le ofreció su casa en Lisboa, y Victoria Ocampo, quien la invitó a asistir a un congreso de Historia en Buenos Aires en 1937, donde impartió un ciclo de conferencias. Esto la motivó a establecerse indefinidamente en la capital argentina, rechazando una oferta para ocupar la cátedra de Literatura Española en Barnard College, de la Universidad de Columbia en Estados Unidos.
En Buenos Aires, María se dedicó a impartir conferencias, cursos, y a escribir artículos y libros. Intentó crear una nueva residencia similar a la de Madrid, pero no consiguió el presupuesto necesario. En enero de 1947, regresó brevemente a España tras la muerte de su hermano Gustavo, y pronunció un discurso en la inauguración de la Cátedra Ramiro de Maeztu en la Universidad Central de Madrid. Al regresar a Buenos Aires, falleció al año siguiente, el 7 de enero de 1948, siendo su cuerpo repatriado a España y enterrado con grandes honores en el mausoleo familiar en Estella (Navarra).
A lo largo de su vida, María de Maeztu demostró una profunda convicción feminista. Para ella, la emancipación de las mujeres no pasaba solo por la lucha de derechos políticos, sino también por el acceso al conocimiento y a la educación. Creía firmemente que solo a través de una educación igualitaria se podría construir una educación más justa, en la que hombres y mujeres tuvieran las mismas oportunidades de desarrollo personal y profesional.
Su trabajo, tanto en España como en el extranjero, fue fundamental para establecer las bases de lo que hoy consideramos los derechos de las mujeres a la educación y a una participación plena en la vida pública.
María de Maeztu fue una mujer adelantada a su tiempo, su papel en la educación de las mujeres españolas y su compromiso con el feminismo fueron determinantes para abrir puertas que habían estado cerradas durante siglos. Su relación con las Sinsombrero es simbólica, ya que aunque no formó parte del grupo de artistas y escritoras que rompieron con los moldes patriarcales desde la creación artística, fue una de las principales responsables de que esas mujeres tuvieran el espacio y las herramientas necesarias para hacerlo.
El legado de María de Maeztu sigue siendo un referente en el ámbito educativo y feminista, y su influencia continua marcando la historia de la igualdad de género en España.


domingo, 4 de agosto de 2024

Ángeles Santos



Las Sinsombrero fueron un grupo de mujeres artistas de la Generación del 27, caracterizado por su independencia, su espíritu vanguardista y su lucha por visibilizar el trabajo de las mujeres en el mundo del arte.
Las Sinsombrero desafiaron las convenciones sociales de su época y se convirtieron en un referente para las futuras generaciones de artistas. Una de sus integrantes fue Ángeles Santos, pintora y artista gráfica catalana, que nació el 7 de noviembre de 1911 en Portbou (Gerona) y falleció el 3 de octubre de 2013 en Madrid.

Niña (retrato de Conchita) - 1929

Ángeles Santos Torroella era la primogénita de un matrimonio que unía las raíces salmantinas de su padre, inspector de aduanas, con los vínculos catalanes de su madre. Su hermano, Rafael, destacado crítico de arte, compartió con ella una profunda pasión por el mundo artístico.
Los constantes traslados de su familia, motivados por el trabajo de su padre, permitieron a Ángeles Santos conocer diversas regiones de España. Desde su infancia en Cataluña, pasando por ciudades como Salamanca y Valladolid, su vida fue un continuo viaje que enriqueció su sensibilidad artística. Fue en Sevilla donde descubrió su vocación pictórica, gracias a una monja que le animó a desarrollar su talento, y en Valladolid, bajo la guía de un maestro italiano, consolidó sus conocimientos y técnicas pictóricas.
Los veranos en Portbou fueron el escenario donde Ángeles Santos dio sus primeros pasos en la pintura, retratando a su familia. Su talento fue reconocido tempranamente, obteniendo un diploma en el Salón de Artistas Vallisoletanos, y críticos e intelectuales de la época como Jorge guillén y Federico García Lorca, reconocieron su talento excepcional y el carácter innovador de su obra, que fusionaba elementos expresionistas y surrealistas.

La tertulia - 1929

A principios de la década de 1930 se enfrentó a un difícil momento personal que la llevó a ser ingresada en un sanatorio, aunque, afortunadamente, se recuperó rápidamente, continuando con su carrera. Su talento fue reconocido y en 1930, la Asociación de Pintores y Escultores le dedicó una sala en el Salón de Otoño, donde pudo exponer algunas de sus obras, lo que marcaría el inicio de su proyección internacional, con exposiciones en ciudades como París, Copenhague y Pittsburgh, consolidándose su prestigio en el panorama artístico europeo en 1936 con su participación en la Bienal de Venecia.

Autorretrato

La producción artística de Ángeles Santos experimentó una pausa entre 1931 y 1932. Su mudanza a Barcelona y su matrimonio con el pintor emilio Grau Sala marcaron un punto de inflexión en su obra, volviéndose su estilo más luminoso y etéreo, influenciada por su entorno y por las tendencias artísticas del momento. Sin embargo, esta nueva etapa no fue del agrado de la crítica catalana, que prefería el estilo más sobrio y realista del Novecentismo. Ante estas críticas, Santos abandonó temporalmente la pintura para dedicarse a su familia y cuando decidió retomar su actividad artística, su obra se centró en temas más convencionales como retratos y paisajes urbanos, lo que le valió nuevas críticas por su aparente abandono del expresionismo que la había caracterizado en sus inicios.

Un mundo - 1929

Al estallar la Guerra Civil Española, Ángeles Santos y su familia se vieron obligados a exiliarse en Francia. Tras un breve periodo en París, regresó embarazada a España y se refugió en Canfranc, compaginando allí la maternidad con la docencia, impartiendo clases de dibujo. A pesar de las dificultades impuesta por la guerra y el exilio, continuó creando y exponiendo su obra, participando en exposiciones tanto en Zaragoza como en Madrid y Barcelona.

La tía Marieta - 1928

La Guerra Civil separó a Ángeles y Emilio durante un cuarto de siglo, y mientras él se quedo en París, formando una nueva familia, ella regresó a España con su hijo. Tras el fallecimiento de la nueva pareja de Grau, la pareja se volvió a reunir fijando su residencia en la capital francesa, aunque años más tarde, decidieron trasladarse a España, viviendo en localidades como Cadaqués, Sitges y Barcelona.
A pesar de su talento y su reconocimiento inicial, la obra de Ángeles Santos cayó en el olvido durante décadas, y fue en los años 70 cuando su trabajo comenzó a ser revalorizado y expuesto en importantes galerías y museos.

La marquesa de Alquibla - 1928

Su figura, junto a la de otras mujeres artistas, ha sido recuperada, contribuyendo a reescribir la historia del arte español.
Hoy en día, es considerada una de las figuras más importantes del arte español del siglo XX y su obra, marcada por el surrealismo onírico y una fuerte carga emocional, sigue cautivando a público y crítica.

Paisaje



miércoles, 8 de mayo de 2024

Rosa Chacel




En la España de los años 30 un grupo de mujeres inconformistas irrumpió en la escena cultural con un espíritu rebelde y el deseo de romper con las normas establecidas. Ellas eran Las Sinsombrero, un colectivo de artistas e intelectuales que desafiaron los convencionalismos sociales y abogaron por la libertad de expresión, la igualdad de género y la búsqueda de la realización personal

Barrio de maravillas (1976)

Una de estas figuras destacadas fue Rosa Clotilde Chacel Arimón, nacida el 3 de junio de 1898 en Valladolid dentro de una familia liberal, donde pudo crecer en un ambiente que le permitió desarrollar una personalidad independiente con una amplia cultura literaria (era sobrina nieta del poeta y dramaturgo español José Zorrilla), y una autonomía de pensamiento poco frecuentes en una niña que fue educada sin asistir al colegio a lo largo de su niñez a causa de su delicada salud, recibiendo la educación directamente de su madre que era maestra y le dio la formación elemental en su propia casa


En 1908 la familia se trasladó a Madrid y se fueron a vivir cerca de su abuela materna en el madrileño barrio de las Maravillas.
Fue matriculada en la Escuela de Artes y Oficios y de allí pasó a la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, pasando en 1915 a matricularse en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, con la finalidad de estudiar escultura. En esta modalidad, concurrió en 1917 a la Exposición Nacional de Bellas Artes con dos obras, y de los 68 participantes, solamente participaron en escultura dos mujeres: Chacel y la danesa Eva Vázquez.


Al año siguiente abandonó la escultura y fue en esa época cuando conoció a su marido, el pintor español Timoteo Pérez Rubio y a una de las grandes figuras intelectuales de aquella época: el poeta y novelista español Ramón María del Valle-Inclán.
Desde su ingreso en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando empezó a frecuentar las tertulias del café Granja el Henar y el Ateneo de Madrid, donde dio su primera conferencia, y fue en esa época cuando comenzó a colaborar con la revista vanguardista Ultra y a trabar amistad con personajes como José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Ramón Gómez de la Serna o Juan Ramón Jiménez, entre otros.


Se casó en 1921 con Timoteo Pérez Rubio, con quien tuvo a su único hijo, Carlos, y entre 1922 y 1927 viajó por Europa junto a su marido, regresando a Madrid donde se instalaron, comenzando a colaborar con la Revista de Occidente y en la Gaceta Literaria.
En 1930 publicó su primera novela y tres años más tarde se trasladó temporalmente a Berlín, tratando de salir de la crisis creativa provocada por la muerte de su madre.

La ventana que iba sobre la muerte

Al estallar la Guerra Civil española, Rosa Chacel se quedó en Madrid, colaborando con publicaciones de izquierda y suscribió manifiestos y convocatorias que se llevaron a cabo durante el primer año de la guerra, al tiempo que realizaba trabajos como enfermera. Por su parte, su marido fue uno de los responsables de que se evacuaran los cuadros del Museo del Prado durante la Guerra Civil, que en un primer momento se trasladaron de Madrid a Valencia, luego a Cataluña, de allí a Francia y posteriormente a Suiza.
Rosa y su hijo se trasladaron durante esa época a Barcelona, Valencia y finalmente en 1937 a París, permaneciendo durante una breve etapa en Grecia y no pudiendo reunirse con su marido hasta 1939, cuando logran reunirse en el exilio, en Brasil, con un pequeño paréntesis realizado en Buenos Aires.
En Brasil continuó con su actividad literaria: tertulias, colaboraciones en prensa escrita, traducciones del francés y el inglés, y aunque no dejó en ningún momento de escribir, la situación económica de la familia llegó a ser comprometida.

Mariposa nocturna

En 1959 consiguió una beca de creación, otorgada por la Fundación Guggenheim, que la llevó a residir durante dos años en Nueva York, trabando en esa época una estrecha amistad con la abogada y política republicana española Victoria Kent. Al finalizar la beca volvió a España permaneciendo hasta mayo de 1963 y regresando nuevamente a Brasil y ya no fue hasta 1973 que regresó a vivir a España tras conseguir una beca de creación de la Fundación Juan March, instalándose definitivamente en Madrid en 1977, fecha en la que murió su marido, alternando su residencia entre Río de Janeiro y la capital española.

Rosa Chacel con su marido Timoteo Pérez Rubio y su hijo Carlos - Fuente Diario de Pontevedra

Con la llegada de la democracia se produjeron cambios en las esferas literarias y culturales de España y esto produjo un redescubrimiento de Rosa Chacel, empezando a valorarse su obra, proceso que coincidió con una etapa de gran producción por parte de la autora, que publicó y reeditó muchas de sus obras.
En la década de los 80, comenzó de nuevo una dura etapa en la que Rosa volvió a estar preocupada por su economía, lo que le llevó a escribir los guiones para RTVE de una serie basada en su obra Teresa, aunque la serie, se quedó sin filmar pese a estar aprobada.
Murió el 27 de julio de 1994 a los 96 años de edad en el hospital Ramón y Cajal de Madrid debido a una insuficiencia cardiorespiratoria y está enterrada en el Panteón de Personas Ilustres del Cementerio el Carmen de Valladolid.

Rosa Chacel con Miguel Delibes y Rafael Alberti en San Lorenzo del Escorial - Fuente La Vanguardia

A lo largo de su vida destacó por su estilo literario y por su profundo compromiso con la exploración de la psicología humana y las complejidades del ser, reflejándose en su obra literaria.
Además de su carrera como escritora, Rosa Chacel también incursionó en la crítica literaria y el ensayo, dejando una marca imborrable en el panorama intelectual español del siglo XX, recibiendo a lo largo de su vida, numerosos reconocimientos por su contribución a la literatura y la cultura españolas, incluida el Premio Nacional de las Letras en 1987.
El legado de Rosa Chacel vive a través de sus palabras y su espíritu indomable y su vida y obra continua inspirando a las mujeres y a todas las personas que luchan por la igualdad y la libertad creativa en todas sus formas.

Narciso

Aunque no tuvo una vida política activa, su vida y obra estuvieron marcadas por sus inclinaciones ideológicas y su compromiso con el feminismo, creando personajes femeninos complejos y multifacéticos que desafiaban los estereotipos de género y se enfrentaban a las restricciones impuestas por parte de la sociedad.
En un mundo que a menudo intenta silenciar las voces disidentes, Rosa Chacel sigue siendo un faro de luz y esperanza para todas las generaciones venideras, siendo un referente para las mujeres que buscan romper con las barreras y luchar por sus sueños.



domingo, 3 de marzo de 2024

Josefina de la Torre



Las Sinsombrero fueron un grupo de mujeres artistas de la Generación del 27 que formaron parte de la agitación cultural y de la modernización social en la España de los años 20 y 30.
Fueron una generación de mujeres pintoras, poetas, escritoras, ilustradoras, escultoras y pensadoras de un inmenso talento que marcaron el camino de la igualdad de derechos y que en la primera mitad del siglo XX fueron la mayoría de ellas olvidadas y precisamente por ello, merecen que las volvamos a recuperar para darles el espacio que merecen.


Entre estas artistas se encuentra Josefina de la Torre, destacada poetisa y escritora española que nació el 25 de septiembre de 1907 en Las Palmas de Gran Canaria, dentro de una familia burguesa, la familia Millares, que trajo al mundo a grandes pensadores, pintores y poetas.

Versos y estampas (1927)

Creció al calor de las tertulias que se daban en su familia y con tan solo 8 años compone sus primeros versos dedicados al novelista y dramaturgo canario Benito Pérez Galdós, al año siguiente, compone también unos versos para el poeta modernista canario Alonso Quesada y con 13 años comenzó ya a publicar en diversas revistas.
La influencia de su hermano Claudio de la Torre, novelista y dramaturgo en auge en aquel tiempo y Premio Nacional de Literatura en 1924, fue muy importante en su iniciación en el campo de la literatura y también en el de la representación teatral, creando en su casa de Las Canteras el Teatro Mínimo que dirigía su propio hermano.



En esta casa, su abuelo Agustín Millares Torres había construido un pequeño teatro y en él organizaba zarzuelas y obras teatrales en las que intervenían todos los miembros de la familia, y donde además, algunos de los familiares solían dar recitales nocturnos de música clásica.
Años más tarde, Josefina y su hermano toman la batuta del pequeño teatro y crean el Teatro Mínimo, que es el nombre con el que se conoce a una serie de representaciones que los hermanos comenzaron a organizar en periodos vacacionales y que inauguraron con la representación de la obra de Claudio... El viajero.

Poemas de la isla (1930)

Empieza a viajar a Madrid residiendo durante largas estancias en la capital española, tiempo que aprovecha para perfeccionar sus estudios de canto, culminando sus educación en la Academia de Dahmen Chao como soprano, además de empezar a relacionarse con el escritor madrileño Pedro Salinas, quien escribiría el prólogo de su primer poemario, Versos y estampas en 1927, también conoce a escritores como Rafael Alberti, Federico García Lorca, Rivas Cherif o Giménez Caballero, y fruto de estas relaciones son algunos hermosos poemas como el que Josefina escribe a Lorca o el que Alberti le dedica a ella.

Poemas de la isla (1930)

En 1930 publica su siguiente libro, Poemas de la isla y cuatro años después, junto con la poetisa vitoriana Ernestina de Champourcin fueron las dos únicas mujeres cuyos poemas fueron incluidos por el poeta, escritor y profesor santanderino Gerardo Diego en su Antología de la Poesía española.
Ese mismo año, en 1934 comienza a trabajar como actriz de doblaje de Marlene Dietrich para la Paramount en Joinville (Francia), donde coincidió con el director de cine Luis Buñuel, con quien trabajó en doblaje, bajo las órdenes de su hermano Claudio, que se dedicaba a adaptar guiones y dirigir los doblajes.
Al año siguiente regresa a Madrid, donde instaló su residencia, en un momento en el que quería dedicar su carrera profesional como soprano, dando un concierto en el Teatro María Guerrero, además de hacerlo en el Lyceum Femenino, en el Instituto San Isidro de Madrid, en el Monumental Cinema o en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Marzo incompleto (1968)

Además de interprete de obras de Fauré, Debussy, Esplá o Sàint-Saënsa, Josefina de la Torre tocaba el piano, el violín y la guitarra y compuso también sus propias partituras, siendo la más conocida, Puerto de mar.
Durante la guerra civil regresó a su ciudad natal y allí publicaría sus primeras novelas bajo el seudónimo de Laura de Cominges (segundo apellido de su padre) en la colección de su propia creación La Novela Ideal, gracias a la cual consiguieron el sustento tras la difícil situación económica tras la guerra.

Marzo incompleto (1968)

Entre 1940 y 1945, ya devuelta en Madrid, realizó trabajos no solo como actriz, sino como ayudante de dirección, guionista y columnista de la revista cinematográfica Primer Plano (en cuya portada aparece en dos ocasiones), además de participar como actriz en radionovelas, en Radio Nacional y de participar en varias películas con directores como edgar Neville.

Marzo incompleto (1968)

Formó parte de la compañía de teatro María Guerrero, siendo la primera actriz con la obra La rabia, basada en la obra La cena del rey Baltasar de Pedro Calderón de la Barca y dirigida por Luis Escobar, además de intervenir en películas y de incorporarse en 1944 al grupo de actores y actrices del Teatro Invisible de Radio Nacional, donde permanece hasta 1957, año en que entra a formar parte del cuadro de actores de La Voz de Madrid.

Marzo incompleto (1968)

Dedicada de lleno al teatro, en 1946 funda su propia compañía, la Compañía de Comedias Josefina de la Torre, llevando a escena una quincena de obras, con su hermano Claudio como director artístico, entre las que se encontraron El caso de la mujer asesinadita de Miguel Mihura, o Casa de muñecas de Henrik Ibsen, trabajando también hasta 1958 para otras compañías de teatro como Dido Pequeño Teatro, T.O.A.R., el Teatro Nacional de María Guerrero y ensayo del Teatro Español y las compañías de Amparo Soler Leal, Nuria Espert, María fernanda D´Ocon y Vicente Parra.

Marzo incompleto (1968)

En 1968 figura en el elenco de Sonrisas y Lágrimas, cuya primera versión española se estrena en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, además de publicar su tercer poemario, Marzo incompleto.
Es en esta década de los sesenta cuando Josefina se reinventa en la historia del espectáculo para participar en la televisión, y en 1966 actúa junto a Rafael Navarro en El cumpleaños, capítulo que formaba parte de la serie Historias para no dormir, dirigida por Narciso Ibáñez Serrador.

Medida del tiempo (1989)

Entre 1969 y 1973 sigue rodando capítulos para otras series de televisión, en 1978, se casa tras una larga convivencia con el actor Ramón Corroto y aunque él es treinta años menor que ella, fallece en 1980, y tres años más tarde, cuando tenía más de 70 años, vuelve a aparecer en tres capítulos de la serie de Televisión Española Anillos de oro, dirigida por Pedro Masó.
En el año 2000 es nombrada Miembro de honor de la Academia Canaria de la Lengua, un año más tarde la Associated University Press de Nueva York publica el ensayo Absence and Presence de Catherine G. Bellvev, donde se incluye a Josefina de la Torre como una de las cinco poetas españolas más relevantes de los años veinte y treinta del siglo XX, y al año siguiente el Gobierno de Canarias le concede la Cruz de la Orden "Islas Canarias".

Medida del tiempo (1989)

Fallece el 12 de julio de 2002, a los 95 años de edad en su casa de Madrid.
Josefina tuvo un papel representativo muy importante en la renovación poética de la Generación del 27, además de ser una mujer independiente, creativa, emprendedora, testigo de la explosión literaria del primer tercio del siglo XX y de los inicios del cine y del teatro en la época franquista.


Su poesía es sencilla e intimista, constante que aparece reflejada en toda su obra, donde la expresión de su alma, sus recuerdos y sus impresiones sobre el amor transmiten su mirada interior, ya que la mayor parte de sus poemas están escritos durante su estancia en Madrid, de ahí que se vea reflejada en ellos su nostalgia y melancolía por la isla que la vio nacer, a la que siempre se sintió muy unida, a pesar de la distancia.
Josefina de la Torre es sin duda una artista polifacética que contribuyó a la historia cultural española del siglo XX y que merece que no se pierda en el olvido y se le de el sitio que merece su inmenso talento.