Silvio Rodríguez es una de las figuras cumbres, más influyentes y poéticas de la música latinoamericana del siglo XX y XXI. Como principal artífice y rostro indiscutible del movimiento de la Nueva Trova cubana, este cantautor, guitarrista y poeta logró elevar la canción popular a la categoría de alta literatura, fusionando el lirismo más íntimo con el pulso de la realidad social, el existencialismo y el compromiso político.
Silvio Rodríguez Domínguez nació el 29 de noviembre de 1946 en San Antonio de los Baños, Cuba, en el seno de una familia trabajadora compuesta por un campesino agricultor y una peluquera. A los pocos años la familia se mudó a La Habana, donde Silvio comenzó a tantear las teclas del piano y a coquetear de forma precoz con la poesía.
Su salto a la vida pública se produjo a finales de la década de los sesenta, desatando una corriente renovadora que culminó en 1972 con la fundación oficial del Movimiento de la Nueva Trova, un espacio que compartió con compañeros fundamentales como Pablo Milanés y Noel Nicola.
A lo largo de más de cinco décadas de carrera, ha editado una veintena de discos de estudio, ha sido nombrado Artista por la Paz por la UNESCO y ha continuado recorriendo los escenarios del mundo para seguir cantándole a la memoria colectiva, al amor y a la condición humana, sin renunciar jamás a la poesía de sus acordes.
Silvio Rodríguez entiende cómo nadie que una canción puede ser el refugio más seguro frente a la intemperie del mundo. Con los dedos deslizándose sobre el mástil de su guitarra como quien esculpe en el aire, transforma los anhelos, las dudas y los dolores de su patria en un espejo donde se reconoce toda América Latina, buscando la hondura ética de la palabra que indaga en la belleza y en la justicia… Silvio ha tejido la banda sonora de nuestras esperanzas más tercas.
Todo se vuelve a inventar si lo comparto contigo.

Pueden ser casualidades
u otras rarezas que pasan,
pero donde quiera que ando
todo me conduce a ti.

La maza
Si no creyera en la locura
de la garganta del sinsonte
si no creyera que en el monte
se esconde el trino y la pavura.
Si no creyera en la balanza
en la razón del equilibrio
si no creyera en el delirio
si no creyera en la esperanza.
Si no creyera en lo que agencio
si no creyera en mi camino
si no creyera en mi sonido
si no creyera en mi silencio.
Que cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera
un amasijo hecho de cuerdas y tendones
un revoltijo de carne con madera
un instrumento sin mejores resplandores
que lucecitas montadas para escena
que cosa fuera, corazón, que cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera
un testaferro del traidor de los aplausos
un servidor de pasado en copa nueva
un eternizador de dioses del ocaso
jubilo hervido con trapo y lentejuela
que cosa fuera, corazón, qué cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera
que cosa fuera, corazón, qué cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera.
Si no creyera en lo más duro
si no creyera en el deseo
si no creyera en lo que creo
si no creyera en algo puro.
Si no creyera en cada herida
si no creyera en la que ronde
si no creyera en lo que esconde
hacerse hermano de la vida.
Si no creyera en quien me escucha
si no creyera en lo que duele
si no creyera en lo que queda
si no creyera en lo que lucha.
Hay locuras que son poesía,
hay locuras de un raro lugar.
Hay locuras sin nombre,
sin fecha,
sin cura,
que no vale la pena curar.
Si saber no es un derecho, seguro será un izquierdo.














