domingo, 13 de enero de 2013

Silvio Rodríguez

Silvio Rodríguez es una de las figuras cumbres, más influyentes y poéticas de la música latinoamericana del siglo XX y XXI. Como principal artífice y rostro indiscutible del movimiento de la Nueva Trova cubana, este cantautor, guitarrista y poeta logró elevar la canción popular a la categoría de alta literatura, fusionando el lirismo más íntimo con el pulso de la realidad social, el existencialismo y el compromiso político.
Silvio Rodríguez Domínguez nació el 29 de noviembre de 1946 en San Antonio de los Baños, Cuba, en el seno de una familia trabajadora compuesta por un campesino agricultor y una peluquera. A los pocos años la familia se mudó a La Habana, donde Silvio comenzó a tantear las teclas del piano y a coquetear de forma precoz con la poesía.
Su salto a la vida pública se produjo a finales de la década de los sesenta, desatando una corriente renovadora que culminó en 1972 con la fundación oficial del Movimiento de la Nueva Trova, un espacio que compartió con compañeros fundamentales como Pablo Milanés y Noel Nicola.
A lo largo de más de cinco décadas de carrera, ha editado una veintena de discos de estudio, ha sido nombrado Artista por la Paz por la UNESCO y ha continuado recorriendo los escenarios del mundo para seguir cantándole a la memoria colectiva, al amor y a la condición humana, sin renunciar jamás a la poesía de sus acordes.
Silvio Rodríguez entiende cómo nadie que una canción puede ser el refugio más seguro frente a la intemperie del mundo. Con los dedos deslizándose sobre el mástil de su guitarra como quien esculpe en el aire, transforma los anhelos, las dudas y los dolores de su patria en un espejo donde se reconoce toda América Latina, buscando la hondura ética de la palabra que indaga en la belleza y en la justicia… Silvio ha tejido la banda sonora de nuestras esperanzas más tercas.






Todo se vuelve a inventar si lo comparto contigo.






Pueden ser casualidades
u otras rarezas que pasan,
pero donde quiera que ando
todo me conduce a ti.




La maza

Si no creyera en la locura
de la garganta del sinsonte
si no creyera que en el monte
se esconde el trino y la pavura.
Si no creyera en la balanza
en la razón del equilibrio
si no creyera en el delirio
si no creyera en la esperanza.
Si no creyera en lo que agencio
si no creyera en mi camino
si no creyera en mi sonido
si no creyera en mi silencio.


Que cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera
un amasijo hecho de cuerdas y tendones
un revoltijo de carne con madera
un instrumento sin mejores resplandores
que lucecitas montadas para escena
que cosa fuera, corazón, que cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera
un testaferro del traidor de los aplausos
un servidor de pasado en copa nueva
un eternizador de dioses del ocaso
jubilo hervido con trapo y lentejuela
que cosa fuera, corazón, qué cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera
que cosa fuera, corazón, qué cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera.


Si no creyera en lo más duro
si no creyera en el deseo
si no creyera en lo que creo
si no creyera en algo puro.
Si no creyera en cada herida
si no creyera en la que ronde
si no creyera en lo que esconde
hacerse hermano de la vida.
Si no creyera en quien me escucha
si no creyera en lo que duele
si no creyera en lo que queda
si no creyera en lo que lucha.


Hay locuras que son poesía,
hay locuras de un raro lugar.
Hay locuras sin nombre,
sin fecha,
sin cura,
que no vale la pena curar.



Si saber no es un derecho, seguro será un izquierdo.





Ahora

Ahora que han pasado los años
que la nubes despejan los cielos
y la luna ilumina tus noches...
Ahora que sigo velando tus sueños
que me duermo acunándote en mis brazos
y mis dedos se enredan en los viajes de tu sonrisa...
Ahora que en tus tristezas y alegrías 
mi alma cabalga al paso de tus latidos...
Ahora...
ahora...
ahora...
tengo que decirte simplemente
que más que quererte...
te amo.





Sergio Pitol

Sergio Pitol fue uno de los intelectuales, narradores, traductores y diplomáticos más brillantes, cosmopolitas y eruditos de la literatura mexicana del siglo XX… su vida fue un viaje perpetuo entre capitales europeas y latinoamericanas, convirtiendo su prosa en un ejercicio de ironía, memoria y libertad creativa ajeno a los moldes tradicionales.
Sergio Pitol Deméneghi nació el 18 de marzo de 1933 en Puebla, México. Su infancia estuvo atravesada por la tragedia familiar… perdió a su madre cuando apenas tenía cuatro años y, poco después, contrajo malaria, una enfermedad que lo mantuvo postrado y convaleciente en cama durante casi seis años. En ese largo confinamiento infantil, encerrado en una hacienda veracruzana, Pitol aprendió a devorar libros y a viajar con la imaginación.
La obra de Pitol destaca por su refinado humor y su aguda inteligencia crítica.
Tras una vejez marcada por problemas neurológicos que apagaron lentamente su voz, Sergio Pitol falleció el 12 de abril de 2018 en Xalapa, Veracruz, dejando un legado de amor absoluto por la cultura universal.
Sergio Pitol habitó el mundo como un viajero perpetuo que convirtió la maleta de los libros en su único hogar. Desde el encierro obligado de su infancia enferma hasta los pasillos de las embajadas en la Europa del Este, supo mirar la comedia humana con la curiosidad de un niño asomado a una ventana secreta y la elegancia de un sabio escéptico. Se marchó de Xalapa dejando la estela de un hombre que vivió huyendo de cualquier corsé y su obra sigue abierta como un mapa infinito, invitándonos a perdernos y a encontrarnos en el territorio inagotable de la literatura.






Uno es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas.
Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores...




El libro es uno de los instrumentos creados por el hombre para hacernos libres.
Libres de la ignorancia y de la ignominia, libres también de los demonios, de los tiranos, de fiebres milenaristas y turbios legionarios, del oprobio, de la trivialidad, de la pequeñez.




domingo, 6 de enero de 2013

Nach

Nach es el arquitecto del rap conciencia y la poesía urbana en lengua castellana. Con una trayectoria que abarca más de tres décadas, este sociólogo y poeta ha transformado el hip hop en un espejo de introspección filosófica, ganándose un puesto de honor como uno de los grandes letristas de la historia del rap en español como así le reconoce con la revista Rolling Stone.
Ignacio José Fornés Olmo nació el 1 de octubre de 1974 en Albacete, aunque creció y se crió en Alicante… al ser el menor de ocho hermanos, su hogar fue una amalgama de influencias musicales constantes, sin embargo, su verdadero romance con la cultura urbana se forjó en las canchas de baloncesto del barrio alicantino de San Blas, donde descubrió los ritmos y rimas del rap callejero que llegaban de Estados Unidos.
Nach entiende que los muros de la ciudad no solo están hechos de hormigón, sino también de silencios impuestos y decidió convertirlos en lienzos donde plasmar las verdades del alma. Con la métrica de un cirujano social y el corazón de un poeta que se niega a domesticar su fuego, ha demostrado que el rap es mucho más que un ritmo… es una trinchera ética donde la palabra se defiende a sí misma frente a la prisa y la vacuidad del mundo. Sus canciones y versos actúan como un refugio de tinta para los desamparados y aunque la industria y los algoritmos pretendan adormecernos, siempre habrá un guerrero de la rima dispuesto a encender la mecha de la conciencia.







En los parques ya no hay niños,
Internet los atrapó en sus redes.




Cuanto más estrecha es la mente,
más grande es la boca.



Nos hablan de paz enseñándonos un arma,
nos dan libertad pero nos dicen cuándo usarla.