¿La gente está loca?
NO
La gente está manipulada.
Es asombroso que la Humanidad
todavía no sepa vivir en paz,
que palabras como "competitividad"
sean las que mandan
frente a palabras como "convivencia".
Nos educan para ser productores y consumidores
no para ser hombres libres.
Hay una cosa que me preocupa:
Hasta qué punto
se están destruyendo valores básicos.
No hablo ya de derechos humanos,
sino de la justicia, la dignidad, la libertad,
que son constitutivas de la civilización.
La crisis pasará, por supuesto, pero lo hará a costa del sufrimiento de todos nosotros, porque, con la mitad del dinero que se pretende inyectar para que un banco esté lleno, se podría evitar el recorte en lo más importante que hay: la educación y la sanidad.
Hay que respetar las leyes
siempre que las leyes sean respetables.
Nos gobiernan a través del miedo.
El sistema ha organizado un casino
para que ganen siempre los mismos.
Lo más grave de la situación mundial de hoy es su concepto inhumano del desarrollo, entregado a las ventajas y conveniencias de la economía de los países adelantados, con una economía de mercado cuya obsesión es la venta al consumo de bienes materiales. Este consumismo general en el mercado es la causa primera de la contaminación, del subdesarrollo, de la explotación por las multinacionales, etc. Vivimos en un mundo que parece querer suicidarse.
Lo que más me indigna es la indiferencia con que se contemplan las cosas, en general. Y en los dirigentes la ignorancia y la soberbia.
La opinión pública está influida por los medios de comunicación y los medios están en manos de quienes mandan y los que mandan favorecen a los que dicen lo que a ellos les conviene y borran todo lo que nos les conviene. Así que la opinión pública es, sobre todo, opinión mediática.
La enseñanza, debe ser, sobre todo,
una provocación intelectual.
No me interesa la felicidad de este modelo de sociedad: prefiero una vida intensa a la felicidad idiota que quiere imponer el poder.
"La vida perenne"

Leer nos enriquece la vida. Con el libro volamos a otras épocas y a otros paisajes; aprendemos el mundo, vivimos la pasión o la melancolía. La palabra fomenta nuestra imaginación: leyendo inventamos lo que no vemos, nos hacemos creadores. Ahora nos gritan que vale más la imagen y con la televisión -la primera escuela- se inculcan a los niños, antes de que hablen, los dos desafueros del sistema: la violencia y el consumo. Con esas cadenas el poder político y económico nos educan para ciudadanos pasivos, sin imaginación, porque siempre es peligrosa para los poderes establecidos. Y ante esas imágenes, carecemos de voz: no tenemos medios para televisar contrariamente mensajes de tolerancia y de sensatez. Hace cinco siglos la imprenta nos libró de la ignorancia llevando a todos el saber y las ideas. El alfabeto fomentó el pensamiento libre y la imaginación: por eso ahora nos quieren analfabetos. Frente a las imágenes impuestas necesitamos más que nunca el ejercicio de la palabra, siempre a nuestro alcance. El libro, que enseña y conmueve, es además ahora el mensajero de nuestra voz y la defensa para pensar con libertad.
