miércoles, 17 de junio de 2026

Siglo XXI


Avanzamos de espaldas al mañana,
convencidos de elegir las cadenas
y compramos una esclabitud libre y voluntaria,
una obediencia disfrazada de deseo
que vende promesas hechas de humo.

El progreso viaja en reserva
con los ojos fijos en el pasado
y los bolsillos llenos de promesas
pero somos una mentira multitudinaria
y ruidosamente solitaria,
un espejismo repetido
hasta convertirse en paisaje.

Nos hundimos en el oceáno de las pantallas,
naufragos de oleadas de información vacía,
de voces que no dicen nada
y de silencios que lo gritan todo
como islas conectadas
por cables invisibles y corazones rotos.

Consumimos guerras como entretenimiento diario,
con un dolor anestesiado,
mientras la muerte desfila
entre bombardeos que imponen la paz armada
y siembran la tierra con cuerpos y cenizas,
salvando a la nación,
destruyendo al ser humano,
cortesía salvaje vestida de traje,
sonrisa afilada,
que dicta lo que temes,
lo que piensas,
lo que callas.


En la era del gigante enano del sistema,
un monstruo vigila el planeta entero
y devora el futuro de las nuevas generaciones,
levantando fronteras de odio
en nombre de patrias heridas.

Pero mi garganta ya no acepta más mordazas
y frente al estruendo de la tiranía
la palabra se vuelve trinchera
y cada silaba,
un disparo contra el olvido,
escupiendo el miedo
sobre el muro de la impunidad.

Este siglo,
por mucho que lo intenten los mercaderes del miedo,
no les pertenece,
por eso seguimos nombrando las heridas,
las guerras, las injusticias,
los cuerpos ausentes...
porque toda esperanza,
por pequeña que sea
es una forma de resistencia.

SsJ




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