sábado, 17 de febrero de 2024

José Luis Cano


José Luis Cano fue un escritor, poeta y crítico español que nació el 28 de diciembre de 1911 el Algeciras (Cádiz, Andalucía) y falleció el 15 de febrero de 1999 en Madrid.
Está considerado una figura clave en el estudio de la poesía española del siglo XX, siendo fundamental para la difusión y el estudio de la obra de autores como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre y Miguel Hernández.
Se le considera uno de los mejores conocedores de la poesía de la Generación del 27 y de la Generación del 36 de la que formó parte, aunque su estilo poético se caracteriza por la diversidad, transitando desde la poesía social de sus inicios hasta una lírica más intimista y reflexiva en etapas posteriores.
Además de poeta y crítico, Cano fue también traductor, profesor y editor, cofundando la revista Ínsula en 1946, siendo considerada una de las publicaciones más importantes de la época.
Fue miembro de la Real Academia Española desde 1976 y su obra poética, aunque menos conocida que la de algunos de sus contemporáneos, es valorada por su calidad y originalidad.





Velintonia 3

Mientras viva la piel y aliente la memoria
vivirán los recuerdos de otros años que fueron
más felices, cuando en España, libre aún de las sombras,
la vida y la poesía libres y juntas iban
de la mano fraterna de unos cuantos amigos.
Escucho aún, desde el umbral, la risa abierta,
cálida y derramada de Federico,
la voz mate y pudorosa de Cernuda,
la canción marinera de Rafael
y el son grave de Pablo recitando un poema.

Y veo la sonrisa infantil y tierna de Manolo,
la mirada azul de Vicente,
el gesto burlón de Dámaso y sus gafas de miope.
La risa alternaba con el hondo resonar de la guitarra
o con las notas claras del piano,
la broma licenciosa con el verso más puro,
y el presente vivaz con sueños de otros días,
los que hoy contemplan la gloria ya de todos.

El cedro, en el jardín de Velintonia,
parecía escuchar las voces y las risas
que hasta él llegaban por la ventana abierta,
e iluminar con sus ramas verdes y doradas
tanta palabra en libertad, tantos sueños ardidos.
Y al caer la tarde, uno tras otro,
íbanse despidiendo del dueño de la casa,
quien al quedarse solo no sentía
soledad ni vacío, sino alegría de vida,
pues su mirada seguía viendo aquellos rostros jóvenes,
en su oído aún sonaban las risas, las canciones,
en su corazón el gesto solidario de todos.





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