jueves, 9 de marzo de 2023

bell hooks

bell hooks fue mucho más que una intelectual o una profesora... fue una feminista que cuestionó desde el corazón mismo del movimiento feminista cómo se hablaba de igualdad y quién quedaba fuera de esas conversaciones. Nació en Kentucky el 25 de septiembre de 1952 con el nombre de Gloria Jean Watkins, pero eligió escribir bajo seudónimo en minúsculas —bell hooks— porque quería que la atención se centrara en sus ideas y no en su persona. Esa decisión, aparentemente pequeña, ya hablaba de su forma de entender el feminismo como una lucha por transformar las estructuras de opresión que afectan a todas y todos, empezando por las más vulneradas.
hooks creció en un contexto de segregación racial en Estados Unidos, una vida donde el racismo, el patriarcado y la explotación económica eran una realidad cotidiana. A partir de sus experiencias personales construyó un pensamiento feminista de tal alcance que cambió la forma en que muchas personas entendieron la lucha por la igualdad en el último medio siglo. Su mirada no se detenía en la diferencia de género aislada.. analizaba cómo la raza, la clase social y el género se entrelazan para producir formas específicas de opresión que no pueden entenderse por separado. Esta idea hoy se conoce como feminismo interseccional, una forma de explicar cómo una mujer negra pobre vive una opresión distinta —y a menudo más intensa— que una mujer blanca de clase media y aunque hooks no inventó la interseccionalidad como término, osus escritos anticiparon y expandieron esa mirada mucho antes de que se nombrara formalmente.
Budista y discípula de Thich Nhat Hanh, ella señalaba que muchas de las mujeres que estaban en el corazón de las luchas por derechos civiles y por la justicia social no encontraban un lugar en el feminismo “oficial” porque éste estaba centrado en mujeres blancas de clase media.


Según ella, el feminismo tradicional había pensado la igualdad de género principalmente desde la perspectiva de mujeres con privilegios, y por eso no logró hablar de la vida real de mujeres pobres, no blancas o que se enfrentaban a formas cruzadas de discriminación y lo que hooks proponía era transformar el feminismo para que no fuera un movimiento que hablaba a las mujeres desde el centro, sino que construyera su pensamiento desde quienes han sido históricamente más invisibilizadas.
Lo que hacía de bell hooks una voz tan potente no era solo su rigor teórico, sino su compromiso con un feminismo accesible y transformador. Ella escribió, además de textos académicos, obras pensadas para que fueran leídas fuera de los círculos universitarios, porque quería que su mensaje llegara a las mujeres y hombres que viven la opresión en carne propia.
Para hooks, el feminismo no podía ser una lucha solo contra el patriarcado, tenía que ser una lucha contra todas las formas de dominio y opresión que se refuerzan entre sí. Ella hablaba de lo que llamó “imperialist-white supremacist-capitalist-patriarchy”, una forma de nombrar cómo el sistema de opresión estadounidense —pero también global— combina supremacía blanca, capitalismo y patriarcado para sostener desigualdades. Esa formulación era una manera de entender la vida de millones de personas cuya dignidad se ve negada diariamente por estructuras sociales y económicas que no están pensadas para ellas.
bell hooks criticó abiertamente al feminismo blanco tradicional por haber abordado la igualdad de género sin cuestionar el racismo y la desigualdad económica. Ella señalaba que ese feminismo tendía a hablar de la igualdad solo desde la experiencia de mujeres con recursos y educación, dejando de lado la vida de mujeres negras, indígenas, migrantes o pobres. Esa crítica no buscaba fracturar el movimiento, al contrario, proponía ensancharlo, hacer que fuera capaz de escuchar y responder a voces diversas, hasta entonces ignoradas.
Uno de los aspectos más revolucionarios de su pensamiento fue insistir en que el feminismo no debía verse como una lucha contra los hombres individualmente, sino contra un sistema de opresión que también afecta a hombres y que separa a las personas según identidades, privilegios y clases. hooks defendía que el feminismo tenía que construir alianzas reales, entender que las liberaciones parciales no son liberaciones completas y que la lucha por la igualdad exige transformar la sociedad entera.
Además, hooks no limitó su mirada al análisis de opresiones, ya que ella veía el amor no como algo romántico o sentimental, sino como una fuerza capaz de transformar las relaciones humanas y sociales.
Su legado no se limita a sus ideas... también dejó una huella palpable en la educación y en la forma en que muchas personas enseñan y aprenden. Bell hooks fue profesora universitaria, enseñó en varias instituciones académicas y fundó el bell hooks Institute en Berea College, Kentucky, un espacio dedicado a continuar las discusiones críticas que ella impulsó sobre raza, género, clase y justicia social.
Cuando hooks murió el 15 de diciembre de 2021, a los 69 años, su pérdida fue sentida profundamente más allá del ámbito académico: comunidades feministas, antirracistas y activistas de todo el mundo lamentaron su partida porque su voz era una brújula para la justicia social. Su obra, con más de treinta libros y numerosos artículos, sigue siendo una referencia imprescindible para quienes no se conforman con un feminismo parcial y buscan una lucha que incluya a todas las mujeres, especialmente a las más olvidadas por las estructuras de poder tradicionales.
La fuerza de su legado está en hacernos ver que no se puede hablar de igualdad sin hablar de raza, clase y género simultáneamente... que el feminismo no es un nicho de discusión académica, sino una herramienta para transformar vidas y que la liberación de unas solo puede ser completa cuando incluye a todas. bell hooks nos enseñó que la justicia exige mirar las vidas enteras de quienes están en los márgenes y construir un movimiento que no deje a nadie atrás.





Si las mujeres no tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, nos arriesgamos a ceder derechos en el resto de ámbitos de nuestras vidas.




Es muy común que las mujeres piensen que soportar el maltrato y la crueldad y luego perdonar y olvidar es una muestra de compromiso y amor. Pero cuando amamos bien sabemos que la única repuesta sana y amorosa al abuso es alejarnos de quien nos hace daño.




Creo que la verdad es que encontrarnos a nostras mismas nos trae más emoción y bienestar que cualquier romance, y en algún lugar lo sabemos.






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